Foto: Agencia Uno

 Si pudiera quedarme solo con los primeros 20 minutos de cada partido que ha jugado Colo-Colo en el Apertura, sería feliz. Pero no puedo, lamentablemente sobran otros 70. 70 minutos en el que paso con susto, nerviosa, con miedo. Un miedo parecido al que se apodera de mí cuando el equipo contrario se acerca y está Garcés en el arco.


Por Desireé Cruz L.

La verdad es que son sentimientos encontrados lo que me embargan con el Colo-Colo de Guede. Si bien sé que el DT lleva aún poco tiempo en su puesto y necesita poner a punto a los jugadores que tienen encima y muy dentro de sus cuerpos la baja preparación física que les dejó Canessa; no puedo si no estar inquieta, insegura respecto a lo que veo en cancha.

¿Y por qué son sentimientos encontrados los que siento? Porque de cierta manera, igual me gusta ver a un Colo-Colo más despierto, más rápido y más vivo que aquél al que nos tenía obligados Sierra. Este nuevo Colo-Colo (sobre todo los primeros 20 minutos de sus partidos) es un equipo que nos da esperanzas, que nos entrega un poquito de ilusión. Pero en esa ilusión nos quedamos y vemos como ésta comienza a destruirse en lo que resta de partido.
Un Colo-Colo desordenado, que de a poco comienza a verse cansado, impreciso, falto, pero MUY FALTO de finiquito, es el que me hace comenzar a sentir inseguridad y con ella susto, miedo de lo que pueda pasar.

Sé que van sólo tres partidos, pero ver a Colo-Colo tan abajo en la tabla me produce un escalofrío involuntario ¿Será porque hace tiempo que Colo-Colo está peleando campeonatos? Puede ser. Puede ser que me haya acostumbrado. Desde Tapia, e incluso contando a Sierra y su futbol taciturno, tal vez me acostumbré a que el Cacique estuviera dentro de los primeros lugares de la tabla. Bueno, aunque esto es también una exigencia desde siempre para Colo-Colo y creo que el DT que llegua a nuestro club, lo sabe: Colo-Colo DEBE pelear campeonatos, es ley.

Y es por eso que no sé bien aún como plantarme frente a este Colo-Colo que por momentos muestra una lucidez perfecta en el campo, pero que por otros parece un equipo de “pichanga” de barrio. Ese Colo-Colo me hace pensar que pronto podemos perder esa lucidez; perder esos 20 minutos de juego bonito y que los 70 se transformen en 90 y esos 90 en una campaña completamente despreciable. Algo así como con Cagna. ¡QUÉ HORROR!

Tal vez exagero… Sí puede ser que esté exagerando… Tal vez no… En fin, así de incierta estoy.

Hay quienes ya tratan a Guede de “vende humo”, de “argentino versero” y afirman que todo lo que él dice son peroratas para la galería. Personalmente, y aunque tenga susto de lo que pueda llegar a hacer con el equipo; no lo veo así. En la conferencia que dio después de la dura derrota contra Deportes Temuco en nuestra casa; vi a un Guede autocrítico, afectado por el resultado, y eso por lo menos, se agradece.

Y sigo entonces así con sentimientos encontrados. Me ilusiono con el equipo y luego se me desmorona. Me asusto de lo que Guede pueda hacer en la cancha, pero sus declaraciones me entregan confianza de que sabe y está consciente de sus errores.

Estoy igual de imprecisa que el equipo. Es como el partido de Garcés contra Unión versus el partido de Garcés contra Audax. Todo extremo, algo malo y algo bueno. Tan blanco y tan negro como los colores que amo. Un cúmulo de inseguridades y ambivalencias parecidas a las que proyecta el equipo en la cancha, parecidas a las que proyecta el DT cuando falla en un cambio o en su formación.

Ojalá pronto paremos todos el show; Guede, el equipo y yo.

Ojalá pronto podamos ver a un Colo-Colo completo, libre de dudas; para terminar de una vez por todas con mis sentimientos encontrados y poder afirmar que al fin sé lo que siento.

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