Por en Columnas

El miércoles 12 de Julio del 2017 quedará marcado a fuego en el calendario del Colocolino, aquella fría tarde volvió el hijo pródigo de Macul, Jorge Luis Valdivia Toro se calzó la ‘10’ y llenó de ilusión a la mitad más uno de Chile.

Cada vez que tenemos un momento adverso, ya sea en nuestro diario vivir, el trabajo, los estudios o cualquier situación complicada, para nosotros el fútbol es nuestro bálsamo, aquella pasión que no importa el momento, por 90 minutos te permite disfrutar de lo lindo de la vida.

Para muchos podrá ser sólo fútbol, para nosotros, no. Ver 22 jugadores detrás de un balón va más allá de un simple deporte colectivo. Son factores que pasan más allá del concepto “sólo fútbol” y se transforma en ese intrínseco valor irracional que nos mantiene felices.

Pero igual que el día a día, el fútbol tiene momentos adversos. Cada cierto tiempo, llega un minuto donde las cosas no siempre salen bien, la táctica es contrarrestada y la técnica imprecisa. Colo Colo comenzó a decaer hace algunos meses, darle vuelta a la situación ha sido una tarea maratónica y esto se vio incrementado en el debut por Copa Chile.

Semestre nuevo, pilas recargadas y la expectación que durante el receso de selección los hinchas acumularon parecía ser un plus extra para iniciar de la mejor forma. ¿El resultado? La caída inapelable ante un equipo de segunda, la continuación de los fantasmas del cierre del campeonato anterior, cuando fuimos de más a menos, dejando pasar la opción al título.

A solo días de la revancha por Copa Chile –que claro, se puede dar vuelta-, el camino parece cuesta arriba, ese bálsamo que conocemos como fútbol comienza a dar nerviosismo, ansiedad, lo que nos gusta, es parte de, pero que de todas formas nos preocupa.

Volvemos a la cancha, volvemos a desconectarnos de todo por el bendito fútbol, por esa pasión llamada Colo Colo. En la cancha ocurriría algo esperado por mucho tiempo, pero postergado por años. Los más chicos lo sentían, son sonrisas nerviosas, esas de cosquilleo en la ‘guata’ al ver que la ‘10’ del cacique volvía a tener una chispa mágica.

En el once estelar, alineaba como creación Jorge Valdivia, el irreverente y talentoso ‘Mago’, quien vio en esos pastos celebrar a miles de personas con sus travesuras, sus regates, goles y atarantadas. Volvía después de 11 años, largos y dispares once años, que se acortaron con tan solo un pitazo del saquero de turno.

Fueron 45 minutos, donde hubo un bálsamo en el propio bálsamo, fueron jugadas que trajeron a la palestra los hechizos de un mago, esos que con un taco, un pase de espalda o una asistencia milimétrica hace correr ese ‘ooh’ del público que ilusiona.

Si el fútbol es un bálsamo en nuestro diario vivir, lo de Jorge Valdivia, un día miércoles 12 de Julio, fue un bálsamo al fútbol, a ese manchado deporte que por momento lo llenan de lucro e intereses, y nos permite creer al igual que niños, que la magia existe y nos puede ayudar en el futuro.

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